
La capoeira, especialmente la capoeira Angola, una modalidad más tradicional, requiere una compenetración física, mental y rítmica entre dos personas. La atención de cada uno se dirige tanto al propio cuerpo como al del oponente, que debido a su especularidad se convierte en uno mismo (esta especularidad se ve reflejada –valga el juego de palabras- en el hecho de que el mestre imparte el aula de frente, e invita a la mimesis de movimientos, a hacer con el lado derecho lo que él con el izquierdo). Una de las bases de esta práctica es que un capoeira se introduce continuamente en los espacios abiertos que deja el oponente (hay aquí una ruptura de la mimesis, una anti-simetría), complementándose el uno al otro de forma repetida y continua. Es una danza rebozante de sexualidad, en un sentido amplio y sin género. De esta forma los conocimientos de la capoeira son compartidos, trasmitidos, de forma profunda al menos en esta escala que abarca dos personas. La práctica comprende la trasmisión (como en el aprendizaje de una lengua).
Durante las clases de capoeira, así como por fuera de ellas, cuando los estudiantes practican (de noche, en la playa, por ejemplo), los más avanzados ayudan a los principiantes y a los niños a perfeccionar movimientos, a agregar nuevos, a evitar algunos errores, a calentar el cuerpo y estirar… Así, la transmisión adquiere una mayor dimensión. Poco tiempo después la persona a quien le ayudaron con un movimiento tendrá el impulso de enseñarlo a otro. Ocurre que algunos capoeiras no ascienden de jerarquía debido a su buen desempeño, para que puedan apoyar y enseñar a los compañeros que vienen de jerarquías inferiores. Esto puede ocurrir por voluntad del mestre o por voluntad del capoeira.
Fenómenos similares se dan en varias prácticas humanas, este caso está respaldado por el hecho de que las jerarquías de la capoeira culminan en el mestre, en aquel que no sólo domina las técnicas sino que domina la técnica de trasmitir las técnicas. Llegado a cierto nivel los estudiantes comienzan a volverse profesores, o al menos asistentes de los profesores. Esta labor no la toman como una actividad paralela sino central. Puede ser la prueba más importante del capoeira que ha decidido dedicar su vida a esta práctica. Es común ver capoeiras de alto nivel acompañando musicalmente una clase que el mestre da a niños, observando atentamente las técnicas de transmisión de conocimiento.
Estas técnicas son además sofisticadas, van más allá de la mímesis o imitación. Comprenden juegos de reflejos y también de asociación y disociación de reflejos motrices y lingüísticos. En uno de estos juegos hay que obedecer órdenes que se contradicen con lo que hace el cuerpo de quien las da.
REDES METACONCIENTES
por Santiago Ortíz
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